LA INICIACION
Ya había pasado la medianoche.
Y aquella era la noche más importante en la vida del hijo menor de la dinastía Meyer.
Ese día se llevaría a cabo su iniciación.
El momento en que entraría a formar parte de una costumbre muy antigua y profundamente arraigada.
Que se había mantenido intacta en la familia durante generaciones y generaciones.
—Señores, amigos míos...
Hoy me siento profundamente orgulloso.
Y los he reunido aquí para ser testigos de este rito sagrado que llevamos a cabo en esta mansión.
Día tras día.
Año tras año.
Tal como lo hicieron nuestros antepasados.
Todo esto es posible también gracias a las personas que nos acompañan.
Las doncellas.
Que cumplen con su deber de servirnos.
Y que, como bien sabemos todos, no pueden decir que no a ninguna de nuestras peticiones.
¿Verdad, amigos?
¡Un fuerte aplauso para todas ellas! —discurseó Don Alfredo Meyer, llamando la atención de todos.
El patriarca hizo una pausa.
Y continuó:
—Y bueno.
Aquí lo tienen.
A mi hijo, Leonardo Meyer.
Que ya ha llegado a la edad exacta para participar.
Tal como lo marca la tradición que nos legaron.
Para esta ocasión tan especial hemos elegido con mucho cuidado a una nueva.
Recién llegada.
Para que sea la primera en acompañarlo y disfrutar con él.
¡Mírenla, amigos!
Es hermosa.
Parece un diamante recién sacado de la tierra.
Listo para ser pulido y valorado.
Te la entrego a ti, hijo.
Espero que estés a la altura.
Y no me decepciones en nada.
—Está bien, padre... Lo que tú digas. Si así debe ser.
Si esto es lo que corresponde. Entonces así se hará —respondió Leonardo Meyer.
—¡Pues entonces brindemos!
—exclamó Don Alfredo Meyer—.
Por mi hijo Leonardo. Que hoy se estrena en nuestra tradición...
Todavía no hay comentarios en esta página.